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viernes, agosto 12, 2022

Patagonia: descubrieron una extraña especie de dinosaurio que usaba su cola como un arma

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En febrero de 2018, un grupo de paleontólogos había pasado varios días explorando y excavando con bajas temperaturas en Patagonia. Estaban en la zona del valle del río de las Chinas, en la región Magallanes, Chile, y no habían encontrado nada significativo. Solo le faltaban 5 días para levantar el campamento y volver. Hasta que dieron con unos huesos expuestos. Uno de los expertos era Jonatan Kaluza, técnico en paleontología del Conicet y la Fundación de Historia Natural Félix de Azara Argentina, tropezó sobre un arbusto y se fisuró una costilla. Pero siguió adelante: habían hallado fósiles que les parecían sorprendentes. Tras el estudio que hoy se publica en la prestigiosa revista Nature, pudieron describir a una especie desconocida de un dinosaurio acorazado que vivió 74 millones de años atrás.

Los restos fósiles del dinosaurio estaban en un bloque de roca desde un cerro empinado. Después de mucho esfuerzo, los desenterraron con mucho cuidado, y los llevaron al laboratorio de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile. Allí identificaron que la cola del fósil no se parecía a la de ningún dinosaurio hasta el momento conocido.

“Debido a estos grandes osteodermos, que son huesos dérmicos forman el arma del dinosaurio, y nos dimos cuenta que este dinosaurio no era un ornitópodo, sino que debía tratarse de un dinosaurio acorazado”, contó Kaluza a Infobae. El arma del animal fue el motivo del nombre que le pusieron: Stegouros elengassen. En primer lugar, Stegouros significa “cola techada”; mientras que “elengassen” es el nombre de un mítico monstruo acorazado en la tradición del pueblo nativo local Aonik’enk”.

Hasta este hallazgo en Patagonia, no se conocían otros dinosaurios acorazados de extremidades esbeltas, que además tuvieran un arma en la cola. Se pensaba que las armas de la cola evolucionaron sólo en formas de miembros robustos y patas anchas, específicamente en los estegosaurios, y en formas avanzadas de anquilosaurios.

El fósil de Stegouros se conservó con su mitad posterior (“cintura para abajo”) totalmente articulada y completa, en una posición más profunda que la mitad anterior del animal, que estaba dispersa, y a la cual le faltaban algunos elementos. La evidencia sugiere que la mitad posterior del animal fue enterrada rápidamente en la orilla de un río, mientras que la mitad anterior quedó expuesta por un tiempo y se desarticuló, antes de que también fuera enterrada.

Es posible que este dinosaurio muriera en una trampa mortal natural, como arenas movedizas: sus patas estaban estiradas, lo cual es poco común (están plegadas en la mayoría de los cadáveres), y también se encontró boca abajo, a diferencia de los cadáveres de dinosaurios blindados transportados por un río, que tienden a estar boca arriba.

Los investigadores se dieron cuenta de que estaban frente a un dinosaurio anquilosaurio transicional, es decir, un eslabón evolutivo entre los anquilosaurios, y otros linajes más antiguos de dinosaurios acorazados. Por ejemplo, Stegouros tiene sólo algunos de los rasgos que normalmente se encuentran en anquilosaurios: muchos otros están ausentes. También tiene algunos rasgos parecidos a los estegosaurios, heredados desde un ancestro común con ellos, pero que otros anquilosaurios perdieron en la evolución.

La especie que describieron comparte semejanzas específicas con dos de dinosaurios anquilosaurios: Antarctopelta, que se encontró en la Antártida, y Kunbarrasaurus de Australia. Cuando se describieron en la década de 1980, Antarctopelta y Kunbarrasaurus fueron contribuciones innovadoras: anteriormente, los anquilosaurios solo se conocían en el hemisferio Norte, donde su registro fósil es abundante y muy diverso.

Antarctopelta tiene una anatomía muy intrigante e inusual para un anquilosaurio, pero desafortunadamente, está muy incompleto: sólo se ha preservado alrededor del 15% del esqueleto. Vivió en la península antártica en la misma época que Stegouros, un tiempo en el que ambas regiones eran mucho más cercanas, formando puentes terrestres esporádicos que permitían la dispersión de organismos entre los continentes.

Cuando comenzaron a trabajar en la Patagonia chilena, los investigadores tenían la esperanza de poder encontrar restos de anquilosaurios extraños como Antarctopelta. Hasta el día de hoy, la información sobre los dinosaurios acorazados del hemisferio Sur ha sido muy escasa, pero al mismo tiempo. Recientemente se encontró en África una costilla unida a un impresionante osteodermo en forma de púa, que probablemente pertenecía a un anquilosaurio transicional. En América del Sur, los anquilosaurios eran tremendamente desconocidos: sólo se habían encontrado huesos aislados y fragmentos, que no eran lo suficientemente informativos como para nombrar una nueva especie.

“El descubrimiento de Stegouros nos emocionó. Fue mucho más de lo que esperábamos”, dijo Kaluza. El nuevo hallazgo proporciona información para comprender mejor a los extraños anquilosaurios del hemisferio sur. El equipo re-examinó directamente los fósiles de Antarctopelta, que incluían algunos osteodermos muy grandes y enigmáticos, cuya identificación no estaba clara.

Así fue que descubrieron que estos osteodermos se corresponden perfectamente con los del arma de cola de Stegouros. Antarctopelta también tenía vértebras de la cola especialmente aplanadas. Estas vértebras eran tan inusuales, que algunos autores incluso sugirieron que podrían pertenecer a un plesiosaurio, un reptil marino cuyos restos de alguna manera se habrían mezclado con los del dinosaurio (Antarctopelta se conservó en un entorno costero). Sin embargo, hay vértebras aplanadas idénticas por dentro de la “espada” de Stegouros, que los científicos llaman “macuahuitl” como un arma que usaban los aztecas hace más de 500 años en el territorio actual México.

Ese “macuahuitl” se encontraba en la cola. Los escáneres de tomografía computarizada permitieron observar estas vértebras sin necesidad de intervenir mecánicamente el Macuahuitl. Dada la evidencia combinada de vértebras de la cola especializadas y grandes osteodermos, los investigadores concluyeron que Antarctopelta también poseía un macuahuitl.

Stegouros une toda esta información para proporcionar un nuevo panorama de los anquilosaurios del sur, y cómo pueden haber diferido de las formas del norte: tienden a ser de menor tamaño , con armadura más ligera y miembros más delgados, y al menos algunas formas también presentan el distintivo macuahuitl. Basándose en métodos exhaustivos para estudiar las relaciones entre los dinosaurios (análisis filogenético), los autores propusieron en el estudio publicado en Nature el nombre Parankylosauria (“al lado de los anquilosauria” ) para los extraños anquilosaurios de transición del hemisferio sur, y el nombre Euankylosauria (“verdaderos anquilosaurios”) para los más formas más familiares del hemisferio norte.

La evolución del macuahuitl no tuvo relación con la evolución del garrote de la cola en otros anquilosaurios. Las formas con mazos de cola son parientes lejanos, y las tomografías computarizadas muestran que el arma de la cola de Stegouros implica un conjunto de cambios anatómicos completamente diferentes a los ocurrieron en el garrote de la cola de anquilosaurios avanzados.

La conclusión es que los dinosaurios blindados ahora pueden ser entronizados entre los vertebrados terrestres, ya que son el único linaje que ha desarrollado de forma independiente tres tipos radicalmente diferentes de armas especializadas en la cola: las púas pareadas de estegosaurios, el garrote de anquilosaurios avanzados, y el macuahuitl de Stegouros. Los Parankylosauria carecen de muchos rasgos de los anquilosaurios “verdaderos” que ya estaban presentes en el Jurásico medio, hace unos 165 millones de años. Por lo tanto, las raíces de Parankylosauria deben ser muy antiguas, anteriores a esa fecha. Esto implica que la mayor parte de la historia evolutiva de Parankylosauria aún queda por ser descubierta.

La investigación fue financiada por ANID del Gobierno de Chile y contó con la colaboración de la Estancia Cerro Guido por otorgar acceso e importante apoyo logístico. Entre los autores del trabajo también están los científicos de Chile Sergio Soto-Acuña, Alexander Vargas, Marcelo A. Leppem Joao F. Botelho, Verónica Milla, Bárbara Aravena, Vicente Muñoz-Walther y David Rubilar-Rogers.