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El papelón del embajador argentino en Francia que incomodó al mundo del arte y de la diplomacia

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El papelón del embajador argentino en Francia que incomodó al mundo del arte y de la diplomacia

Leonardo Constantino dio una nota a la revista de la realeza francesa Point de Vue y se adjudicó un rol que no tuvo en la Galería Argentina en París.

De la solidaridad de los artistas argentinos frente al Covid para decorar su residencia diplomática en la avenue Foch a que “su inspiración” fue Carolina de Mónaco, princesa de Hannover, y el decorador fue Foulques de Orléans, conde en la línea sucesoria a la casa real francesa. El embajador argentino en Francia Leonardo Constantino dio una entrevista a Point de Vue, la revista de la realeza francesa, y cambió la realidad para adaptarla a “su relato”.

La idea de convocar y conseguir las obras de los pintores en París ya no fue más de Eduardo Carballido, el curador, director e inspirador de la Galería Argentina en París, que ni siquiera es mencionado en la entrevista. Su “inspiración” provino de “Carolina, la princesa de Hannover”, y el decorador es ”Foulques d´Órléans”, conde de la casa real francesa. Nada más lejos de la realidad. Pero consiguió irritar a la comunidad argentina, que conoce la verdadera historia.

“Una de las primeras cosas que yo hice al instalarme aquí el 1° de junio del 2020 fue llamar a los artistas argentinos en París -y son numerosos- para proponerles que nos prestaran sus obras”, dice “Su Excelencia”, en un francés “límpido”, según Point de Vue.

“El objetivo era doble: hacer resplandecer a Argentina en Francia gracias a la diplomacia del arte y ofrecer a estos artistas una vitrina frente a los visitantes de la residencia”, afirmó el embajador.

“La idea me vino al leer un artículo firmado de la princesa de Hannover evocando sus ancestros, que habían hecho en el siglo XVII una galería de arte en su residencia parisina”, explicó a Point de Vue el embajador.

La princesa de Hannover no es otra que Carolina de Mónaco, en donde el diplomático es embajador concurrente.

Nada más lejano a la verdad. La Embajada argentina tiene una galería que Torres Agüero, Carballido y el embajador Archibaldo Lanús construyeron de un garage muchos años antes. El maestro Antonio Seguí prestó dos grandes obras a Lanús para su residencia en 22 avenue Foch entonces.

Constantino era consejero y luego ministro en la embajada argentina en París. Se encargaba de la economía. No conocía a los artistas. Cuando llegaron a París el presidente Alberto Fernández y su esposa, Fabiola Yañez, le tocó acompañarlos en una gira turística por París, que le encantó a la primera dama y al jefe de Estado. Fue convocado después a Buenos Aires y nominado embajador, aún con el rango de ministro.

El presidente Alberto Fernández junto a Leonardo Constantino y Fabiola Yáñez, en una visita a París en medio de la pandemia.El presidente Alberto Fernández junto a Leonardo Constantino y Fabiola Yáñez, en una visita a París en medio de la pandemia.

Llegó al enorme departamento de función Hausmanian de la avenue Foch con tres valijas y dos fotos. En la residencia solo estaban los muebles históricos y unas pocas obras de arte.

No fue Carolina de Mónaco sino el politólogo riojano Eduardo Carballido el que inventó la Galería Argentina en la embajada y que toda la comunidad respeta, quien tuvo la idea de llamar a los artistas y pedirles sus obras para “vestir” la residencia. No hay una sola mención en toda la entrevista de Constantino de cómo se pensó el proyecto y el rol de Carballido: cómo pensó unir a Reynoso y Le Parc en la galería, cómo obtuvo las obras porque los artistas lo conocen y lo respetan, o cómo entró a la baulera de la embajada para recuperar, reparar y decorar la avenue Foch bajo el nuevo embajador. No estaba el conde de Orléans en ningún lado.

“Si vos te hacés cargo, yo te las presto”, le dijo a Carballido el maestro Antonio Seguí. Dos enormes cuadros del fallecido maestro están en el living de la residencia argentina.

Ruben Alterio, ya fallecido, llegó chispeante a la embajada el día que la revista Ñ los reunió a todos para contar la historia de solidaridad. “Vengo porque presté unas obras para el nuevo embajador”, le dijo a Constantino, que le extendía la mano. “El embajador soy yo”, respondió. Alterio moría de risa por no saberlo.

El maestro Le Parc le prestó dos de sus grandes obras. “No lo conozco, pero si está Carballido de por medio, es una garantía”, dijo.

El acuerdo era que cuando el embajador finalizara sus funciones, las obras debían ser devueltas a los artistas vía Carballido.

“Las dos esquinas del salón fueron decoradas con la ayuda del decorador Foulques d´Órleans, amigo del embajador“, según la revista. Dos mantas negras y blancas de Ceyla Lacerda, la esposa del actor Pierre Richard, se apoyan sobre los sillones, según la descripción.

Esos sillones estuvieron históricamente en la embajada y fueron reciclados por el embajador Archibaldo Lanús.

En las fotos aparece la mesa preparada para una comida de 18 personas. Los artistas Pablo Reynoso, Martín Reyna y Gabriela López Díaz muestran sus obras en las fotografías.

Con Argentina con el 110 por ciento de inflación anual, 40 por ciento de pobreza e inestabilidad política, un reportaje en Point de Vue es lo último que un embajador con experiencia habría admitido hacer. El país no aguanta estas esnoberías. Menos, tergiversaciones.

La historia de las obras prestada

La revista Ñ publicó en la tapa este gesto de solidaridad y el testimonio de los artistas en Francia. Este fue el espíritu. Así lo contó.

“Los cuadritos de acrílico titilan con la fuerza del violento viento de las ventanas abiertas de par en par, colgados desde el techo, sobre la avenue Foch. El Maestro Julio Le Parc mira con entusiasmo de niño el reflejo de su inigualable obra transparente, con un ligero tinte celeste, en los dos espejos de este histórico departamento hausmaniano en París.

“Me parecen mejor que en el taller”, dice con su humor sarcástico. Y pasa a elogiar la obra de Pablo Reinoso y de Martín Reyna, que se despliegan en el salón. ”Son dos grandes artistas”, remata.

“Es su primer reencuentro con su obra pero esta vez no es una galería. Su nuevo lugar es la residencia de la embajada argentina en Paris en la avenue Foch, donde por primera vez, los grandes maestros argentinos han prestado sus obras para una nueva experiencia. Mostrar el talento, su originalidad y su creatividad argentina a través de ellos y su trabajo en Francia a otra público: empresarios, inversores, directores de museos, economistas, artistas y académicos, que visitan la residencia que hoy ocupa el embajador Leonardo Costantino, el nuevo representante diplomático argentino en París”.

“El Covid 19 lo hizo. Un acto de solidaridad y reconocimiento, cuando el virus está cuestionado los valores básicos de la convivencia y la nueva normalidad se planta frente a un mundo perturbado e inquieto. El gesto se transformó en una extensión de la Galería Argentina en París, con otras características”. Antonio Seguí, Pablo Reinoso, Marie Orensanz, Mario Gurfein, Manuel Cancel, Rubén Alterio, Martin Reyna, Julio Le Parc, Rodrigo Reinoso más las escultoras Gabriela López Díaz y Marie Louise Sorban “prestaron” sus obras, que se irán reemplazando por otras, hasta llegar a los artistas emergentes.

Una idea que consiguió concretar el curador Eduardo Carballido, a quien todos los maestros conocen y respetan en París, por su trabajo en la Galería Argentina.

“Montar una exposición en una galería o en un museo tiene la ventaja que las paredes están vacías. En una casa hay que hacer convivir la obra con los objetos, los muebles, la marquetería existente. Se trata de mimar a los artistas, a través de una armonía entre sus obras y los elementos presentes en lo cotidiano de una vivienda. No se trata de curar una exposición sino una manifestación artística”, cuenta Eduardo Carballido.

El resultado es imponente.. A la entrada, un banco spaguetti de Pablo Reinoso, con la armonía de dos obras de Rubén Alterio y un “histórico” del Maestro Mario Gurfein, que es propiedad de la embajada, gracias a la compra del ex embajador Ortiz de Rozas. En el salón, la sutil instalación de azulado tinte de Julio Le Parc. Los hombrecitos con sombreros de Antonio Seguí y todo su humor a los costados de los espejos. Un marco spaguetti de Reinoso sobre una pared, donde todos quieren sacarse fotos, como arrancados desde un espejo. Martín Reyna optó por el oleo y un árbol sobre el mármol del comedor y se olvidó de sus tintas.

Marie Orensanz desplegó su obra en blanco, a la entrada, con sus palabras y sus mármoles. ”Gran Confusión”, la tituló. Nada más apropiado. Un pingüino y un caballo en bronce, sedosos, con vida, fueron prestados por la escultora Marie Louise Sorbac. En mármol de Carrara, deslumbran las esculturas de Gabriela López Díaz. Rodrigo Reinoso fue el más joven. Hijo de Pablo llevará adelante su primera muestra en la Galería Argentina. Hoy está colgado al lado de Julio Le Parc”.

“Uno a uno y a pesar del crecimiento del virus en París, los artistas desafiaron al corona y fueron llegando a la residencia a ver el trabajo final. Asombro, alegría de ver recreado un espacio que les era familiar en otra cosa: una casa con su arte, a “préstamo”, para dar la oportunidad a todos los artistas en París a que muestren sus obras en rotación. Una celebración, al fin, en medio del virus, todos con máscara, que se levantaron frente a las empanadas, irresistible menú de la nostalgia”.

Las obras prestadas

Manuel Cancel vive en París hace 40 años y es pintor. Sus dos obras rectangulares y las redondas son singulares en este nuevo experimento.

“¿Querés prestar una obra para la embajada?”, me preguntó Carballido. Yo pensé que era para la rue Cimarosa y dije: “Encantado. Mis obras están en el taller. En pleno Covid no viene nadie. Yo estoy feliz de que salgan un poco. Elegí estas rectangulares, que expuse en el Borges, rojo y verde y verde y rojo. Cuando me mandó las fotos, me pareció genial. Las presté sin condición. Les dejé en toda confianza, que queden el tiempo que sea necesario”, contó Cancel, empanada en mano, frente a su obra.

Este gesto de solidaridad fue banalizado por el embajador argentino en París, que se olvidó del verdadero autor y del propósito del proyecto. Eligió Point de Vue, una revista royal, en un país donde les cortaron a los nobles la cabeza en nombre de la Revolución Francesa, para difundir su imagen, la del país y, probablemente, postularse para ser elegido embajador del año. Un hábito de Point de Vue.